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El Corpus de Sevilla en el siglo XIX. Una litografía, una pintura y una fotografía

En esta sección, titulada Patrimonio cultural inmaterial y representaciones culturales, agrupamos aquellos posts relacionados con tradiciones o expresiones vivas heredadas de nuestros antepasados, como fiestas, gastronomía, relatos orales, rituales sagrados, artesanía tradicional, etc. -ver post de la Asunción de Cantillana-. Insistiremos también en las distintas representaciones culturales -fotografía, pintura, música- relacionadas con este patrimonio, especialmente fiestas y ceremonias como, por ejemplo, la Semana Santa. Ya hicimos varias entradas en esta última dirección, como las referencias a Sorolla en el triste periodo de confinamiento que hemos pasado recientemente por la COVD-19 y que recordamos aquí:

En este post queremos hacer un homenaje al Corpus más extraño de Sevilla, ciudad que verá sus calles y plazas en este «Jueves que luce más que el sol» sin el tradicional desfile procesional. Para compensar, hemos traído tres imágenes de esta celebración en el siglo XIX, concretamente una litografía, una pintura y una fotografía.

La primera de las imágenes es un dibujo de David Roberts (1796-1864), viajero escocés del que ya hemos hablado en el Blog por su grabado sobre la Real Maestranza de Sevilla y el famoso cuadro del Castillo de Alcalá de Guadaíra. Dicho dibujo sobre el Corpus fue litografiado por Thomas Allom (1804-1872) en1835 para la publicación londinense de 1837, que llevaba por titulo Picturesque Sketches in Spain Taken During the Years 1832 & 1833.

Esta Procesión del Corpus Christi en el interior de la Catedral retrata la festividad desde el punto de vista romántico de un británico del siglo XIX. En efecto, frente a las tradicionales representaciones sevillanas, donde impera el sentido del orden y el cortejo, la visión del viajero nos ofrece una imagen pintoresca y gustosamente desordenada. Así, en la litografía podemos ver, por un lado, los que acompañan a la custodia de Juan de Arfe (1587) -todos ellos con un tono institucional-, y, por otro lado, el conjunto popular, con sus pendones y enseñas de parroquias y cofradías sevillanas. Los personajes quedan minimizados -típico guiño del Romanticismo- por la vertical magnificencia gótica de la Catedral de Sevilla, perfectamente identificable por la imagen del San Cristóbal -nótese la ausencia de la Tumba de Cristóbal Colón, presente en la salida hacia la Puerta del Príncipe desde 1899-.

Thomas Allom, Procesión del Corpus Christi en el interior de la Catedral, 1835. Litografía. Dib.: David Roberts. Publicado por David Roberts, Picturesque Sketches in Spain Taken During the Years 1832 & 1833, Londres, 1837. Imagen cortesía de Laurence Shand.

La segunda imagen nos remite a un cuadro del Museo del Prado. Se trata de un óleo sobre lienzo de Manuel Cabral y Aguado Bejarano (1828-1891), realizado en 1857 con el título de La procesión del Corpus en Sevilla. Frente a la litografía anterior, cuya escena se desarrolla en el interior de la Magna Hispalensis, esta pintura retrata el cortejo en el exterior, concretamente en la antigua calle Génova, hoy reformada y ensanchada, denominada actualmente como Avenida de la Constitución. Se observa la llegada de la custodia a la Puerta de San Miguel, imperando en este caso el orden, casi militar, del cortejo. Según la Web del Prado, la factura nítida y detallada de esta obra permite identificar, en el mismo acceso a la Catedral, a la infanta Luisa Fernanda de Borbón, hermana pequeña de Isabel II, a su esposo el duque de Montpensier, y a la primogénita de ambos, María Isabel de Orleans.

Esta pintura, de corte romántico y costumbrista, nos permite ver una imagen del Corpus sevillano diferente a la que transmitieron los viajeros británicos, en este caso observándose un programado y recto desfile en el que todas las instituciones de la ciudad están representadas. Escruten también los detalles urbanos: la portada del antiguo Colegio de San Miguel, la también llamada Portada del Nacimiento de la Catedral -de marcadas trazas góticas y con las esculturas de Lorenzo Mercadante de Bretaña-, la severidad de la iglesia del Sagrario, el Ayuntamiento de fondo, las colgaduras en los balcones y, sobre todo, los toldos bajo el celeste cielo sevillano.

Manuel Cabral y Aguado Bejarano, La procesión del Corpus en Sevilla, 1857. Óleo sobre lienzo, 152,5 x 243,5 cm. Madrid, Museo del Prado.

Por último, vemos la imagen del francés Lucien Levy -del que ya hemos hablado con motivo de sus cuatro fotografías de la Feria de Abril de 1882-, que nos transporta a la década de los 80 del siglo XIX, concretamente a la Plaza de San Francisco. Cae el sol de manera rotunda en el mediodía de la primavera avanzada -las cortas sombras delatan la hora del día- y los grandes toldos protegen el cortejo -la negritud de la gran sombra de la izquierda sumerge al espectador en la intriga de si ha llegado o no la custodia a la fachada del Ayuntamiento-. La caballería de gala es digna de una plaza dominada por la clásica arquitectura de la antigua Audiencia, muy reformada en el siglo XX por Aníbal González. Finalmente, siempre me fascina de este fotógrafo su atención al paisanaje, en este caso centrando la atención en el grupo de jovencillos situado en el centro izquierda de la fotografía. ¿Qué observarían? ¿De dónde vendrían? ¿Qué platicaban?

Lucien Levy, Procesión del Corpus en Sevilla, 1882.

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