Lucien Levy en la Feria de Abril de 1882: cuatro fotografías para el recuerdo

Corría el año 1859 cuando un francés llamado Lucien Levy llegó a Sevilla. Tenía la intención de fotografiar la ciudad y sus costumbres en el contexto de aquellos viajes que se realizaban para plasmar la geografía del mundo en imágenes tomadas con daguerrotipo -primer procedimiento fotográfico, difundido desde 1839-. Levy, autoproclamado por esas fechas como «profesor de daguerrotipia y discípulo de Daguerre», llegó a una ciudad de culto para el Romanticismo, con un pasado histórico grandioso, poblada de arquitecturas coloristas y monumentos singulares, con pintorescas costumbres populares y un clima de luminoso sabor oriental. La divulgación de imágenes de esta sensual ciudad, proyectada no sólo desde la pintura sino, también, desde la fotografía, fue un hecho consumado a mediados del siglo XIX -en 1898 se añadirá a este acervo iconográfico el cine, tal como vimos con el post de los hermanos Lumiere-. El viaje de 1859 fue breve; Levy debía tener cerca de cuarenta años -desconocemos la fecha exacta de su nacimiento en París- y se hospedó en la Fonda de la Plaza de San Francisco nº40, dejando escasos testimonios gráficos de esta primera estancia en la capital de Andalucía.

Mucho más prolífico fue el viaje realizado por Levy a Sevilla en 1882, ciudad en la que estuvo probablemente varios años con la intención de publicar en su día un album sevillano, proyecto que finalmemte no se llevó a cabo. Pero de esta estancia contamos con numerosas fotografías, todas numeradas y publicadas muchas de ellas a finales del XIX y principios del XX por los hijos del fotógrafo francés. Levy retrató para la posteridad infinitos rincones y momentos sevillanos: la Alameda de Hércules, la iglesia de San Marcos, las calles Sierpes y Feria -impresiona ver el Jueves de la época-, las plazas Nueva y de San Francisco, momentos únicos del Corpus o la Semana Santa como, por ejemplo, el paso de la cofradía de la O por la calle Betis, una universal imagen en la intimidad con Jesus de la Pasión, la Plaza del Triunfo con Catedral, Alcázar y Archivo de Indias, el Postigo del Aceite y el bullir del mercado, el Palacio de San Telmo y sus jardines, el Guadalquivir con la Torre del Oro y el Puente de Triana como protagonistas e, incluso, los restos del Anfiteatro de Itálica y los paisajes de Alcalá de Guadaíra -imagino las andanzas del fotógrafo francés con Emilio Sánchez Perrier y otros pintores de la Escuela de Alcalá-.

Y, por supuesto, la Feria de Abril, que en la década de los 80 del siglo XIX se celebraba en el Prado de San Sebastián, aún conservaba el tono comercial de la feria de ganado y presentaba un ambiente festivo con casetas aún sin la típica decoración que Gustavo Bacarisas codificó definitivamente a principios del siglo XX, con las características rayas blancas, verdes y rojas en las lonas, además de los motivos neobarrocos que hoy día podemos contemplar en los frontones -hablaremos de este pintor gibraltareño en un post específico-. Esta parquedad decorativa la podemos ver en la imagen inferior, que retrata a las buñoleras de la Feria de Abril. La fotografía presenta, bajo una hilera de árboles, una alineación de casetas color claro con varias mujeres de impoluto blanco, un señor de negro que centra la composición y otros hombres que se encuentran de tertulia en una mesa. Un farol de gas situado a la izquierda y un «bodegón» a la derecha, con balanzas de cobre y un anafe blanco para freir los buñueños, terminan por definir esta fotografía inolvidable.

Casetas de las buñoleras en la Feria de Abril de Sevilla según Lucien Levy (1882).

Otra imagen sorprendente es la que retrata el aspecto que ofrecía la calle San Fernando a finales del XIX, fotografía en este caso tomada desde la antigua Pasarela -hoy estaríamos junto al bar Oriza, con la Fuente de las Cuatro Estaciones y los Juzgados a nuestras espaldas-. A la izquierda de la imagen vemos una estructura metálica con aires británicos -probablemente el antiguo Fielato- que oculta la capilla de la Fábrica de Tabacos, de la cual observamos los pináculos que emergen al fondo. A la derecha se encuentran las casas que desde finales del siglo XVIII cobijaron al personal directivo de la fábrica, caracterizadas por los guardapolvos de pizarra que aún hoy conserva alguna de ellas.

Pero lo que más llama la atención es el variado paisaje humano que se observa. El sol abrileño proyecta sombras verticales, por lo que debe ser al mediodía cuando estos sevillanos pasean entre la Puerta de Jerez y la Pasarela bajo arcos con luces de gas y globos de cristal -inspiradores de los famosos farolillos-. Todos los personajes visten de forma muy digna, algo propio de las fiestas sevillanas, destacando la elegante pareja que se protege del sol con la negra sombrilla, en un día en el que debe soplar viento suave de Poniente, tal como atestiguan el movimiento de las banderolas. También hay ausencias: aún no han llegado aquellos que desde las sillas que vemos en la imagen contemplarán los desfiles de caballos y coches de la tarde.

La calle San Fernando en la Feria de Abril. Imagen fotográfica de Lucien Levy (1882).

Por último, las dos imágenes que cierran el post retratan el aspecto que ofrecía el Prado de San Sebastián en la década de los 80 del XIX, poblado en este caso por numerosos animales de esta Feria que comenzó en 1846 como apuesta comercial para la venta y compra de ganado. En la primera imagen observamos cómo se desarrolla la Feria a la sombra de los árboles, con numerosos tratantes de ganado en plena acción -imagino la conversación del joven de chaquetilla blanca, sombrero y manos en la cintura situado a la izquierda-, destacando en el centro, en un primer plano, un hombre a caballo que parece pendiente de algo que no sabemos. También llama la atención otro «bodegón» de Levy: una humilde carreta situada a nuestra derecha con todos los avíos para pasar la noche.

Tratantes de ganado en la Feria de Sevilla. Fotografía de Lucien Levy (1882).

La segunda de estas fotografías de Levy viene definida por la rotunda horizontalidad de la Fábrica de Tabacos -observen el humo-, marco arquitectónico que, junto a las alineaciones de árboles, definen el espacio del comercio ganadero. Se pueden ver numerosos animales -caballos, mulas, piaras de cerdos-, aunque lo que destaca en primer plano son los asnos, los burros que en aquellos años eran imprescindibles en las labores del campo ¡Ay! Platero, Platero…

Prado de San Sebastián poblado de asnos en la fotografía de Lucien Levy (1882).

NOTA: hemos estimado 1882 como fecha simbólica de la segunda estancia de Lucien Levy en Sevilla. Sabemos que desde ese año estuvo un tiempo indeterminado en la ciudad, por lo que las fotografías corresponden estrictamente a la década de los 80 del siglo XIX.

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