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Un jardín almohade y mudéjar en el corazón de la Sevilla Americana

¡Oh habitantes de al-Ándalus, qué felicidad la vuestra al tener aguas, sombras, ríos y árboles! El Jardín de la Eterna Felicidad no está fuera de vosotros, sino en vuestra tierra; si yo pudiera elegir, es este el lugar que escogería. No creáis que mañana entraréis en el Infierno ¡No se entra en el Infierno después de haber estado en el Paraíso!

Ibn Jafaya, poeta andalusí de Valencia, siglo XI

Las letras del poeta andalusí remiten al concepto de jardín cerrado de origen hispano musulmán, es decir, al hortus conclusus de carácter latino. En efecto, los musulmanes heredan del mundo romano y mediterráneo la idea del patio como centro de las dependencias domésticas, una figura geométrica -muchas veces ajardinada- que permite la entrada de luz en una casa -metafóricamente es un «cielo privado»-. Los musulmanes introdujeron algunas modificaciones: dedicaron una mayor superficie al patio en relación con el resto de la casa, crearon nuevas fórmulas arquitectónicas, otorgaron un nuevo papel al agua, trajeron a Occidente nuevas especies vegetales -como los cítricos-, o incorporaron a sus jardines el diseño en cruz, de origen persa. Cinco son los elementos que, a nuestro juicio, permiten definir y aprehender el alma del jardín de al-Ándalus.

En primer lugar, la FILOSOFÍA. A diferencia del patio romano, el andalusí alcanzará un sentido místico y religioso. El Corán indica que el Paraíso Sagrado en la Tierra es un vergel, abundante en agua y poblado de animales y vida. Un jardín de este tipo reproduce el paraíso coránico en todos sus aspectos. Se trata de un espacio cerrado y protegido del exterior, un oasis del que disfrutamos en medio de un entorno marcado por la aridez. Si el jardín se emplaza en altura, nos permite las vistas al paisaje, pero siempre protegiendo la intimidad de las miradas ajenas, algo fundamental para los hijos de la media luna; por ello, el patio no se dispone, como en Roma, en el eje central de la casa y alineado con la portada, ya que siempre está oculto y se accede a él de forma oblicua.

En segundo lugar, la ARQUITECTURA. La protección de este ámbito privado puede realizarse con el muro encalado más sencillo o la arquitectura más sofisticada. En el caso almohade, el jardín cerrado de los palacios era rectangular y tenía galerías sólo en los extremos cortos. La arquitectura enmarca el jardín, siempre doméstico, ligado a la casa o palacio. Pavimentos, andenes, azulejos, yeserías, columnas, ladrillo… todos estos elementos de carácter arquitectónico se hacen presentes en este espacio.

El AGUA es el tercer componente básico. El líquido elemento define la existencia misma de todo jardín andalusí, con albercas que reflejan la belleza de la arquitectura y la luz -traen el cielo al suelo-, canalillos sutiles para el riego, sensuales fuentes que desde el suelo alimentan el oído y la vista, o pozos y norias que evocan frescor. En este sentido, la evolución del jardín almohade sevillano lo vemos en Granada, donde los nazaríes harán del agua el elemento central de las distintas composiciones.

José María López Mezquita, Patio de los Arrayanes, 1904 (óleo sobre lienzo, 124 x 109 cm. Museo de Bellas Artes de Granada). El agua es el elemento clave que define en entornos áridos o sub-áridos el paraíso originario, que no es más -y nada menos- que una huerta cercada y protegida, regada y plena de vida, aislada del áspero entorno. Este principio filosófico se mitifica en los libros sagrados. Y el jardín cerrado no es más que la evocación de aquella huerta originaria.

En cuarto lugar, la VEGETACIÓN, que transforma un patio meramente arquitectónico -punto de entrada de luz a la casa- en un auténtico jardín. Una explosión vegetal de aromáticas, plantas arbustivas, flores anuales o vivaces se distribuyen por el espacio. Las especies de mayor porte -naranjos, palmeras, ciprés- se distribuyen fijando la geometría y nunca obstaculizando la visión de la arquitectura -no se emplean árboles de gran porte-. Las plantas son una de las delicias del paraíso y un placer para los sentidos; proporcionan sabores con sus frutos, regalan gratos olores con sus flores, generan aceites para la piel, resultan un goce para la vista con su color, dan sombra y confort climático…

Por último, el COSMOS. La geometría es básica en la disposición de los arriates -la matemática es el alma del orden- pero no presenta desarrollos axiales ni cuida la perspectiva. El resultado es una sucesión de patios ordenados, íntimos e inconexos visualmente; cada jardín es un mundo privado y sagrado, pequeños en extensión, pero infinitos en contenido. El orden puede dibujar distintas formas más o menos elaboradas. Siguiendo al profesor e investigador de la Escuela de Estudios Árabes del CSIC, Antonio Almagro Gorbea, destacamos los siguientes modelos:

  • Jardín de arriates y andenes, típico de las casas más modestas, en el que un andén perimetral -a veces también un central- delimita cuarteles de vegetación rehundidos. El agua suele evocarse con la presencia de un pozo, aljibe o noria de riego.
  • Jardín con dos albercas enfrentadas, situadas frente a las fachadas de las estancias principales -ubicadas en los lados cortos del rectángulo de conforma el vergel- y conectadas por un andén.
  • Jardín con alberca longitudinal, que recorre todo el jardín uniendo sus extremos cortos y delimitando dos amplios arriates rehundidos.
  • Jardín de crucero, el diseño más elaborado y palatino, en el que cuatro arriates enmarcan una fuente central que simboliza el manantial origen de los ríos sagrados, representados por los cuatro brazos acuáticos.

Geometría y orden en los paraísos islámicos: modelos de jardín andalusí (I). A la izquierda pueden ver la disposición de albercas enfrentadas en el Castillo de Monteagudo -Murcia-. A la derecha, se indica la disposición longitudinal de la alberca del antiguo Jardín de Crucero del Alcázar de Sevilla, espacio muy modificado tras el Terremoto de Lisboa de 1755. Fuente: Antonio Almagro Gorbea.

Geometría y orden en los paraísos islámicos: modelos de jardín andalusí (II). El modelo de jardín con alberca longitudinal que define el Patio de los Arrayanes contrasta con la disposición en cruz del Patio de los Leones, ambos en la maravillosa Alhambra de Granada. Fuente: Antonio Almagro Gorbea.

Sevilla posee lo que podríamos llamar un «jardín de manual» de todo lo comentado anteriormente, un vergel oculto al paseante, muy desconocido, de época islámica y mudéjar, con vocación americanista, que perteneció en su día al recinto del Alcázar: hablamos del PATIO DE LA ANTIGUA CASA DE LA CONTRATACIÓN. Descubierto el pasado siglo y rehabilitado por Rafael Manzano, se trata de un espacio que ha tenido tres fases históricas muy bien diferenciadas. La primera de ellas es la del jardín almohade, realizado cuando en el siglo XII los califas bereberes ampliaron el Alcázar hacia el oeste con nuevos recintos militares y palatinos, todo ello en el contexto de convertir a Isbiliya en capital de al-Ándalus. Respecto a la arquitectura, aquel jardín originario presentaba una planta claramente rectangular con galerías porticadas sólo en los extremos cortos del patio, como era habitual en la tradición islámica, con una sucesión de arcos lobulados que sostenían paños de sebka calados. El acceso a las dependencias domésticas se realizaba mediante un vano de tradición cordobesa conformado por tres arcos de herradura.

La vegetación, siempre hortelana, se disponía en cuatro arriates rehundidos definidos por andenes en cruz -estos arriates eran propicios para conservar mejor la humedad y el frescor-, transitando entonces el califa almohade por ánditos seguros y alcanzando fácilmente las copas de los árboles frutales con su propia mano. Por otro lado, el agua estaba presente en dos albercas enfrentadas, las cuales tenían dos funciones: una de carácter práctico, para facilitar el riego, y otra estética, para embellecer con sus reflejos el paraíso soñado. En definitiva, un espacio ordenado a través de la geometría, un cosmos protegido, regado y con árboles frutales a modo de dones divinos. Y, siempre, la fauna, con peces de colores y aves que daban la nota de vida. De aquel primer jardín se conserva el rectángulo original –cielo y luz privados-, la galería sur -reconstruida en gran parte por Rafael Manzano a partir de restos originales mediante la técnica de la anastilosis- y las citadas albercas de los extremos -hoy ya sin agua-.

Reconstrucción del jardín almohade del siglo XII, que perteneció al Alcázar musulmán (fuente: Antonio Almagro Gorbea). Este patio sintetiza el orden cósmico y místico del Paraíso musulmán: protegido y cerrado, embellecido por la arquitectura, con agua y vegetación de huerta, todo ello ordenado cual cosmos frente a la aridez y el caos del exterior.

La segunda fase fue la del jardín mudéjar. El proyecto del rey Pedro I, orientado a reformar el Alcázar de Sevilla para convertirlo en centro de poder de la monarquía castellana, reservó en el siglo XIV este antiguo recinto almohade para funciones de recepción de visitantes de la corte. Se transformó así el primigenio jardín islámico en un espacio algo más cuadrado centrado por una fuente, sustituyéndose también las antiguas galerías almohades por otras con arcos de medio punto. Hoy sigue presente el jardín de crucero que nos legó Pedro I, con un andén perimetral y cuatro brazos acuáticos en forma de cruz, donde se disponen albercas rectangulares comunicadas con una alberca central, esta última con forma circular y provista de la citada fuente con surtidor -los muros de todas ellas estaban pintados con diversos motivos geométricos y vegetales-. En los cuarteles rehundidos se hallaban los arriates del jardín -con abundancia de naranjos-, delimitados por unos muros bellamente articulados mediante arquillos ciegos en los que se pintaron puertas de madera a modo de trampantojo.

Reconstrucción del jardín mudejar del siglo XIV, que perteneció al Alcázar de Pedro I de Castilla (fuente: Antonio Almagro Gorbea). El patio, ahora más cuadrado al avanzar hacia el centro y sobre las antiguas albercas enfrentadas las nuevas galerías, queda ordenado por una fuente que articula simbólicamente los cuatro ríos míticos del Paraíso: el Nilo -de miel-, el Tigris -de agua-, el Éufrates -de leche- y el Indo -de vino-.

Y la tercera etapa fue la del uso de este espacio como patio de la Casa de la Contratación, institución encargada desde 1503 de regular los viajes con América y que ocupó parte de los recintos palatinos del Alcázar. Con la intención de responder a los nuevos usos del edificio, se transformó el jardín mudéjar de Pedro I en un árido patio distribuidor que permitiera el tránsito de personas, una función más acorde con las nuevas necesidades administrativas de la Casa, diferentes ya a las palatinas. En la restauración de Rafael Manzano se recuperaron los jardines medievales, pero se quiso homenajear la dimensión americana del lugar con la plantación de cuatro grandes palmeras Washingtonias, especie procedente del Nuevo Mundo.

Este jardín es un auténtico paraíso oculto de la ciudad de Sevilla. Quien tenga la fortuna de verlo, puede contemplar, a la vez, los tres momentos históricos: (i) el periodo musulmán, presente con el original rectángulo de luz, las galerías y las albercas en los extremos, (ii) el tiempo mudéjar, que nos habla a través de la cruz del agua y los arriates, y (iii) el Puerto de Indias, recordado mediante el homenaje americano de las palmeras.

Pueden ver esta joya con mi compañera Montañas Rodríguez en la Ruta Morada del Agua o mediante un permiso solicitado a la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía en Sevilla, situada en la Plaza de la Contratación nº3, aunque ahora nada de esto es posible por la COVID 19 -esperamos nuevas noticias para otoño-. También, el concepto de jardín cerrado es la base de la Ruta Marrón del Agua, que dirige un servidor. Por último, vean también el post dedicado en su momento a la interpretación de este patio por parte de Daniel Bilbao.

NOTA: aún hay folletos y publicaciones que reproducen hipótesis hoy ya superadas, que mantuvieron en su momento que el jardín originario era del rey poeta Almutamid -siglo XI- y la reforma del crucero acuático fue impulsada por los almohades -siglo XII-.

Estado actual del Jardín de la antigua Casa de la Contratación. Las galerías y albercas enfrentadas recuerdan al jardín almohade, la fuente y la cruz acuática a la reforma mudéjar de Pedro I, y las palmeras americanas a la Sevilla del Nuevo Mundo. Fotografía de J.M. SERRANO para ABC Sevilla.

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