El expolio napoleónico de la «Resurrección de Cristo» de Bartolomé Esteban Murillo

En algunas ocasiones hemos realizado entradas en este Blog para hablar del expolio de obras de arte que sufrió Sevilla a manos de las tropas de Napoléon, hecho protagonizado especialmente por el mariscal Soult en un periodo negro para la ciudad fechado entre 1810 y 1812. Ya hemos comentado el robo de obras de Alonso Cano pertenecientes al altar de san Juan Evangelista del monasterio de Santa Paula y, también, recomendamos en su momento como libro de cabecera la gran obra de Enrique Valdivieso y Gonzalo Martínez del Valle titulada Recuperación visual del patrimonio perdido.

En este caso nos referiremos al expolio de la Resurrección de Cristo, obra firmada por Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617-1682) y fechada entre 1650 y 1655. Se ubicaba en la capilla de la Expiración del antiguo convento de la Merced Calzada de Sevilla, hoy capilla de la Hermandad del Museo -fue de hecho un hermano mayor de esta cofradía el que encargó al pintor sevillano esta obra-. Se trata de uno de los pocos lienzos expoliados por los franceses que fueron devueltos a España, aunque se quedó lamentablemente en Madrid -¿segundo expolio?-, concretamente en la Academia de San Fernando. Hoy se muestra con un convencional marco y sin el desaparecido retablo que realzaba el tema pictórico. En este sentido, véase al final del post el probable aspecto del conjunto, imagen resultado del trabajo de los expertos Enrique Valdivieso y Gonzalo Martínez del Valle.

El cuadro de Murillo remite al tema de la Resurrección de Cristo, en este caso con una iconografía ortodoxa que sigue los dictados de Francisco Pacheco -suegro de Diego Velázquez- en su Arte de la pintura, es decir, con la figura del Resucitado emergiendo del sepulcro y tres soldados romanos dormidos en la parte inferior. Antes del recorte realizado en 1814 debido al ingreso de la obra en la Academia de San Fernando, el lienzo poseía un remate de medio punto que enmarcaba los contrastados efectos lumínicos empleados por Murillo en esta etapa inicial del pleno Barroco, donde el pintor también empieza a utilizar una paleta de color más clara.

El maestro de la luz envuelve a Jesús con intensos resplandores, mientras que potentes sombras rodean a los soldados dormidos, dos de ellos presentados mediante bellos y caravaggistas escorzos -es de admirar el detalle realista de los pies sucios de un soldado, recurso típico del maestro italiano-. Pero lo que más destaca es la armonia, belleza y estudio anatómico de la figura de Cristo, con un tratamiento que, según Valdivieso, se traduce en una de las mejores representaciones de cuerpo masculino en el arte sevillano. Por último, la diagonal compositiva ascendente y el movimiento del blanco sudario y la bandera roja avanzan ya la complejidad y el dinamismo del mejor Murillo.

Bartolomé Esteban Murillo, Resurrección de Cristo, 1650-1655. Óleo sobre lienzo, 243 x 164. Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Reconstrucción del estado original de la Resurrección de Cristo de Bartolomé Esteban Murillo, situado en la capilla de la Expiración del antiguo convento de la Merced. Tomado de la obra Recuperación visual del patrimonio perdido, de Enrique Valdivieso y Gonzalo Martínez del Valle (lámina 68, página 154).

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