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«El aguador» de Velázquez vuelve a Sevilla…

Gran noticia recibimos desde la Casa Natal de Velázquez: una reproducción exacta de El aguador de Sevilla se expondrá didácticamente en la ciudad que vio nacer dicha obra. Efectivamente, ya en el post de 1 julio de 2020 hicimos referencia en el Blog al cuadro Vieja friendo huevos, cuya reproducción se terminó estos meses pasados para nutrir el discurso expositivo de este ilusionante proyecto dirigido por Enrique Bocanegra, escritor y gestor cultural. El proceso de escaneo de las obras sevillanas de Velázquez sigue, por tanto, adelante; ahora con El Aguador de Sevilla y Dos jóvenes a la mesa.

Efectivamente, los días 17 y 18 de agosto, la Fundación Factum ha llevado a cabo en Apsley House (Londres), más conocida como Wellington Museum, el escaneado digital de las dos obras citadas, un trabajo llevado a cabo no sin dificultades debido a las restricciones provocadas por la Covid-19. Los facsímiles, encargados por el Centro de Estudios Europa Hispánica (CEEH), formarán parte del proyecto Casa Natal de Velázquez; la digitalización de estas dos nuevas pinturas pertenecientes a la Colección Wellington resultará esencial para facilitar la difusión y apreciación del género del bodegón, tal y como fue explorado por el joven Velázquez. Estos facsímiles se realizarán en los talleres de Factum Arte en Madrid a lo largo de las próximas semanas.

Labores de escaneado digital del El Aguador de Sevilla en el Apsley House (Londres). Fuente: Casa Natal de Velázquez.

Respecto a El aguador de Sevilla, se trata de una de las obras más emblemáticas del período sevillano de Velázquez. Pintado en torno a 1620, es una pintura de género -escena cotidiana- que contiene un fascinante bodegón -conjunto de objetos domésticos-, cuyos PROTAGONISTAS son los siguientes:

  • Un viejo aguador, con tez oscura producto de su oficio, vestido con capote pardo y camisa color blanco. Este personaje ha sido reconocido por muchos como «El Corzo» sevillano, quizás alguien de origen corso.
  • Un joven que recibe -respetuosamente con la cabeza inclinada- una copa de cristal con agua, en este caso vestido de oscuro sobre jubón blanco.
  • Al fondo, confundido entre sombras, un hombre de mediana edad bebe en una jarra de loza.

Para muchos estudiosos, Velázquez ha representado las tres edades del hombre. Incluso, se apunta la presencia de mensajes alegóricos, como el hecho de que el hombre más mayor en realidad entrega la copa del saber al más joven. Desde esta perspectiva, el naturalismo del pintor sevillano se complementa con mensajes morales.

En cuanto al BODEGÓN, el brazo izquierdo del aguador se proyecta en escorzo hacia fuera del cuadro para apoyar la mano en un enorme cántaro o tinaja de loza -tapado con un corcho– en el que se dibujan las marcas del torno; extremadamente realistas resultan las gotas de agua que brillan y dan vida al conjunto, bien por caer sobre el cántaro, bien por estar «sudadas» por el barro. Sobre una mesa -o banco de aguador- destaca otra pieza de gran interés: se trata de una alcazarra o jarra de barro vidriado, en este caso con una taza haciendo de tapadera, un pretexto para que Velázquez mostrara sus dotes con las texturas y el color de los objetos pertenecientes a la alfarería del agua. Por otro lado, no podemos olvidar la copa de cristal, en este caso llena de agua y con un higo, fruta destinada a aromatizar el agua.

La magia del cuadro descansa también en el COLOR y la LUZ. Dominan los tonos oscuros, marrones y pardos, maravillosamente austeros y orgánicos, que contrastan profundamente con los colores claros de los objetos de loza, paños y ropa interior. La iluminación se basa en el Tenebrismo procedente de Italia, marcado en este caso por un fondo oscuro que contrasta con los primeros planos de luz intensa; en este sentido, los objetos, rostros y ropajes modulan su verismo y volumetría gracias a la mágica luz de Velázquez.

La COMPOSICIÓN de la obra destila intenso realismo. Al margen del papel de la luz dirigida, que potencia los aspectos táctiles de los objetos, la tangibilidad y veracidad se consigue también con la rotura del marco, ya que el gran cántaro del primer plano carece de asiento en el cuadro, «invadiendo» así el espacio del espectador, hacia el cual se dirige también la mano del aguador.

Tendremos entonces la gran fortuna de tener en Sevilla una reproducción facsímil de este cuadro fundamental no sólo por sus cualidades pictóricas, sino, también, por el tema central tratado. Velázquez nos ha legado apuntes de un oficio que ha estado presente en nuestras vidas hasta la década de los 70 del pasado siglo. Aún pueden verse aguadores tras los pasos de la Semana Santa, aunque la historia de esta profesión será objeto de otro post, al igual que la llamada alfarería del agua u objetos cerámicos ligados a la recogida, transporte y suministro del líquido elemento, que también merecerán nuestra atención.

WEB OFICIAL Casa Natal de Velázquez

WEB OFICIAL Wellington Museum

Diego Velázquez, El aguador de Sevilla, 1620. Óleo sobre lienzo, 106,7 x 81cm. Apsley House (Londres).

NOTA DE INTERÉS. El equipaje del rey José

El itinerario seguido por el cuadro es uno de los aspectos más interesantes del mismo, ya que retrata a la perfección los avatares políticos de nuestro país. Así, el aguador perteneció en un primer momento a Juan de Fonseca, este último clérigo, maestrescuela sevillano y la persona que abre a Velázquez las puertas de la corte cuando marcha a Madrid acompañando al Conde Duque de Olivares. Al fallecer Fonseca, la obra es adquirida por Gaspar de Bracamonte por 330 reales para, posteriormente, pasar al cardenal-infante don Fernando y terminar en el Palacio Real, donde es grabado al aguafuerte por Goya en torno a 1778.

La pintura fue sacada en 1813 de Madrid por José Bonaparte, formando parte así del famoso equipaje del que fue conocido como el «Rey Intruso». Las tropas francesas que escoltaban el séquito real fueron derrotadas el 21 de junio de ese mismo año por Arthur Wellesley, duque de Wellington, en la «Batalla de Vitoria»; los británicos no salieron de su asombro al comprobar la gran cantidad de obras de arte que los franceses pretendían sacar de España y, ante la inestabilidad política que azotaba nuestro país, dichas obras fueron trasladadas y custodiadas en Inglaterra. Allí, al catalogarlas, se descubrió que al menos 80 cuadros pertenecían a las Colecciones Reales; ante la solicitud británica de devolverlas, Fernando VII, en agradecimiento, donó las obras al Duque de Wellington.

Entre las joyas pictóricas destacaba con luz propia El aguador de Sevilla de Velázquez. Hoy puede visitarse, tal como dijimos más arriba, en la Apsley House de Londres. Más información de este singular periplo en este enlace del Museo del Prado.

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