Triana en la pintura de Emilio Sánchez Perrier

Debido a la COVID-19 tuvimos que aplazar el recorrido temático por el Museo de Bellas Artes de Sevilla previsto para el sábado 14 de marzo, en el que nos centramos especialmente en la pintura romántica y paisajista del siglo XIX presente en este recinto expositivo. Una de las obras que se ven en este itinerario es Triana, Sevilla, creada entre los años 1888 y 1890 por Emilio Sánchez Perrier (1855-1907). Se trata de una visión poética e intimista del pintor sevillano sobre la orilla trianera del Guadalquivir o Paseo de la O, en un atardecer de finales de otoño o invierno donde las nubes de Poniente inundan la escena. La composición está resuelta al modo horizontal, con efecto de perspectiva y con los reflejos acuáticos como protagonistas.

Del paisaje urbano destacan, al fondo, el Puente de Triana y los restos ruinosos del castillo de San Jorge -hoy mercado-, y en un primer plano, las casas populares del arrabal de Triana con los distintos embarcaderos. Como ejes temáticos del cuadro, y siguiendo a Fernando Sancho, María Navarro y José María Fernández-Palacios en «La cultura del agua en la pintura andaluza. Cuatro láminas interpretativas del agua», citamos los siguientes:

  • Urbanismo. La orilla trianera presenta abandono y un ambiente de casi marginalidad debido a la inestabilidad de la orilla y las tradicionales inundaciones (vean en este enlace la de 1947). Al río daban las traseras de las casas y la orilla no era más que un vertedero para muchos vecinos. Ello contrasta con el cuidado actual y el atractivo que ahora ejercen las cotizadas vistas del Paseo de la O.
  • Puente de Isabel II. La presencia del hierro de esta infraestructura de 1852, hito de la modernidad en el siglo XIX, marca un claro contraste con la decadente presencia de las casas populares representantes de la vieja Sevilla.
  • Pesca. Las redes puestas a secar y la calada en el río, además de las barcas amarradas en la orilla, atestiguan en este cuadro la pesca existente en el antiguo Betis.
  • La fuerza del agua. Las huellas de las inundaciones o, incluso, de las diarias mareas atlánticas, se observan en este cuadro. De las antiguas riadas se pueden ver marcas en los paramentos de las casas, y los efectos de las mareas se rastrean en la empalizada ubicada en el primer término de esta obra de Sánchez Perrier.
  • La navegación. Al fondo de la escena se observan barcos en este caso no destinados a la pesca, sino al comercio y las comunicaciones.
  • La defensa de la orilla. Para frenar la bravura del antiguo río y evitar la erosión, se colocaba una empalizada de hincos sobre la que se depositaba escombros y otros restos para retener la tierra y estabilizar la orilla frente a las fuertes corrientes del Guadalquivir, hoy día en este punto con aguas mansas al ser convertido en una dársena a mediados del siglo XX.

Con estas notas, queremos simplemente insistir en todo lo que puede contener un pequeño cuadro. Vayan al Bellas Artes, conmigo, sin mí, solos o con otro compañero guía cultural. Disfruten del arte, el urbanismo y el paisaje de Emilio Sánchez Perrier.

Emilio Sánchez Perrier (1855-1907), Triana, Sevilla, 1888-1890. Óleo sobre lienzo, 62 x 122 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla.

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