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Josep Tapiró i Baró: la fascinación por un morabito

Con enorme éxito de público se desarrolló el invierno pasado en el Museo CarmenThyssen Málaga la muestra Fantasía árabe. Pintura orientalista en España (1860-1900), exposición temporal clausurada el 1 de marzo y que tuvimos ocasión de ver en su momento -cuando la vida era feliz sin la Covid- en nuestra visita a Málaga del sábado 2 de noviembre de 2019. Comisariada por Francesc Quílez y Lourdes Moreno, el Museo Carmen Thyssen presentó un recorrido por la pintura española de inspiración norteafricana durante la segunda mitad del siglo XIX, a través de artistas como, por ejemplo, Fortuny, Tapiró, Fabrés y Lameyer.

La visión orientalista nacida en la Europa colonial -estructurada mediante la observación directa o recreada a través de la imaginación y el estereotipo- se mostró en más de ochenta obras -pinturas, acuarelas, fotografías y objetos-, las cuales permitieron al espectador adentrarse en uno de los capítulos más apasionantes de la pintura decimonónica. Cuelgo enlaces sobre la inauguración de la muestra.

ABC Sevilla

Diario Sur

Web Museo CarmenThyssen Málaga

La exposición se estructuraba en tres grandes apartados, el primero relativo a la fascinación por lo oriental en Andalucía, el segundo referido al sugerente universo cultural del norte de África, y el tercero dedicado a los distintos rostros que dan contenido a este exótico mundo norteafricano. En este sentido, los retratos individualizados sorprendieron por su autenticidad, rareza o peculiaridad, o, al contrario, por su marcado carácter estereotipado. Siguiendo la Web del Museo CarmenThyssen Málaga, la muestra ofreció toda una galería de tipos donde los encantadores de serpientes, fumadores, santones, guerreros, esclavos y mendigos con ropajes harapientos se convirtieron, desde el prisma eurocéntrico del momento, en la encarnación de lo sagrado, de la suntuosidad o de lo salvaje y primitivo. O, en el caso de los retratos femeninos, en imágenes de la sensualidad inalcanzable y la atracción por lo prohibido.

Uno de los artistas clave de aquella muestra malagueña fue Josep Tapiró i Baró (Reus, Tarragona, 7 de febrero de 1836 – Tánger, 4 de octubre de 1913), pintor que tras su primer viaje a Tánger en 1871 -acompañado de su amigo y compañero de estudios Mariano Fortuny- no dejó de reflejar de manera entusiasmada las escenas del Marruecos que conoció entonces. Después de la muerte de Fortuny se instaló definitivamente en esta ciudad marroquí en 1876 hasta su fallecimiento en 1913.

Una de sus acuarelas más sugerentes lleva por título «El Morabito», obra de la última década del siglo XIX, donde Tapiró realiza una minuciosa y preciosista descripción de un santón norteafricano. La acuarela es soberbia, destacando sobre un fondo neutro claro el marcado perfil de un hombre cuyo oscuro rostro contrasta con los rojos, azules y pardos de un «tarbouche» que se adorna de numerosos objetos y amuletos sagrados. Llama la atención la prolija representación del ropaje, de dulces tonos pardos y amarillentos, que cubre la túnica blanca de este morabito. En efecto, estos santones personifican la espiritualidad popular del Magreb; son ascetas místicos que llamaron la atención de los viajeros occidentales por su aspecto descuidado y pintoresco. ¿Lo que más me fascina? La barba y su aspecto deshilachado. Sublime Tapiró.

Josep Tapiró, El morabito, c.1890-1900. Acuarela sobre papel. Colección poarticular, Barcelona

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