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GVTTA CAVAT LAPIDEM en el monasterio de San Isidoro del Campo (Santiponce, Sevilla)

Fundado en 1301 por Alonso Pérez de Guzmán, más conocido como Guzmán El Bueno, el monasterio de San Isidoro del Campo acogió en un principio a monjes cistercienses para, tras llegar allí los llamados «Isidros» o Jerónimos observantes, albergar desde finales del XVI a la rama más ortodoxa de los Jerónimos. En la iglesia gótica impulsada por Juan Alonso Pérez de Guzmán -hijo del fundador del monasterio-, vemos una curiosa hornacina que custodia una pieza de mármol, encontrándose el conjunto presidido con un lema: GVTTA CAVAT LAPIDEM.

La frase remite a un proverbio inspirado en un verso del poeta latino Ovidio (43 a.C.-18 d.C.), quien en sus Cartas desde el Ponto escribió aquello de Gutta cavat lapidem, comsumitur anulus usu, que significa en castellano «La gota horada la piedra no por fuerza, sino por constancia«, una imagen con la que se simboliza el valor de la persistencia. La Edad Media tomó dicha frase y varió su forma, fijando el texto de la siguiente forma: Gutta cavat lapidem, no vi, sed saepe cadendo, que en castellano significa «La gota horada la piedra, no por su fuerza, sino cayendo a menudo», alusiva al valor de lo constante, del trabajo invisible, de la paciencia.

La pieza de mármol que custodia la hornacina remite a un episodio en el que San Isidoro de Sevilla se inspira en estos valores asociados a la constancia y el trabajo, ejes también de la vida de San Jerónimo -referencia de la Orden que albergó este monasterio-. Según cuenta la Crónica General de España de Florián de Ocampo -editada en 1541-, San Isidoro tenía la tentación de dejar los estudios y el saber, cuando un día por casualidad observa un brocal de pozo con numerosas acanaladuras que marcaban el mármol. Una mujer le dijo que se debían a la paciente labor de la soga y el agua que, con el tiempo, habían vencido la dureza del material pétreo. El sabio y santo sevillano entendió el mensaje y comprendió que el conocimiento sólo puede obtenerse a través de un esfuerzo continuado, superando así su tentación y fase de dudas. Esta hornacina muestra los restos de dicho brocal, que se ven acompañados por la famosa frase latina defensora de la constancia y el trabajo.

En estos tiempos líquidos -ver entrada del Blog relativa a la obra de Zygmunt Bauman-, consumo rápido y éxito fácil, valores como la constancia deben ser reivindicados. Como muestra de esto que decimos, cuelgo un extraordinario artículo de Antonio Muñoz Molina en el diario El País titulado «El regreso del conocimiento«, que reivindica el saber fruto de un trabajo pausado frente al ruido volátil de charlatanes y opinadores de éxito mediático que se alimentan de la prisa y la pereza intelectual.

Pieza del brocal de pozo de San Isidoro y frase de Ovidio: GVTTA CAVAT LAPIDEM. Monasterio de San Isidoro del Campo (Santiponce, Sevilla).

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