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Repoblación, cristianos y mozárabes en el Reino de León: iglesias para un arte parlante

Allá un desfiladero peligroso, del cual se desprenden continuamente peñascos; acullá un horroroso precipicio cuya vista espanta; luego una plácida pradera esmaltada de flores y cubierta de árboles frutales; y el todo encerrado entre las cumbres Aquilinas y las sierras que de ellas se desprenden.

PASCUAL MADOZ. Descripción del valle de Oza hacia Peñalba de Santiago (El Bierzo, León) en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, 1845-1850.

He querido inaugurar esta sección del Blog, titulada «Monumentos y bellezas de España» -sigo aquí el espíritu de la obra de Francisco Javier Parcerisa (1839-1865)-, con una de las iglesias más sugerentes que he visto nunca. Se trata de Santiago de Peñalba, inigualable por el paisaje que la circunda, por su vetusta estructura, por los ecos cordobeses que presenta y, además, por situarse geográficamente en una de las provincias más bellas y amadas por este «Divulgador del Patrimonio»: LEÓN.

Recorrer las tierras del antiguo Reino de León, un territorio padre de varios reinos peninsulares, siempre produce una emoción difícilmente descriptible para aquellos que, como este que escribe, siente amor por la Geografía, la Historia y el Arte. Pararemos nuestro reloj en el siglo X, tiempos de dominio absoluto del Califato de Córdoba, de la génesis del Reino de Navarra, Aragón y los condados catalanes en la parte oriental de la Península Ibérica, y de la consolidación del Reino de León en la occidental.

Efectivamente, el traslado de la corte desde Oviedo a la capital leonesa y la integración organizada bajo un mismo reino de amplios territorios como son las actuales Asturias y Galicia, el norte de Portugal y buena parte de las provincias castellanoleonesas de hoy, provocó un proceso repoblador en tierras ya seguras frente al Islam, especialmente notable al norte del río Duero. Este proceso de consolidación del Reino de León se acompañó del nacimiento y desarrollo del llamado arte mozárabe, hoy también denominado como de repoblación.

Se trata de un conjunto de edificios que heredan, por un lado, viejas fórmulas visigodas supervivientes entre los repobladores del norte -que también toman citas del Arte Asturiano-, y, por otro lado, incorporan elementos califales gracias a las influencias hispanomusulmanas, muchas veces llegadas a León gracias a los mozárabes procedentes del Sur -cristianos que vivían en territorio musulmán o Al Andalus; no confundir con mudéjar, que era musulmán habitante de un territorio cristiano-. El resultado fue un conjunto de edificios mágicos y parlantes, capaces de emocionar al evocar tiempos de guerra e intercambios entre el Reino de León y el Califato de Córdoba.

Cinco serán los edificios mozárabes o «de repoblación» del antiguo Reino de León que retrataremos en el Blog, con posts sucesivos dedicados a Santiago de Peñalba (León), San Miguel de Escalada (León), San Cebrián de Mazote (Valladolid), San Miguel de Celanova (Orense) y Santa María de Lebeña (Cantabria). Todos ellos presentan reminiscencias cordobesas al emplear el arco de herradura, el alfiz, los modillones de rollo de los aleros… Viajaremos entonces al Norte; retrocedemos al siglo X. ¿Quieres viajar en el tiempo y el espacio?

Iglesia de San Miguel de Escalada (León), ejemplo característico del arte mozárabe o «de repoblación»

En el día de hoy nos centramos en la iglesia de Santiago de Peñalba, situada en la comarca leonesa de El Bierzo, concretamente a 24 km de la ciudad de Ponferrada; visitaremos un paisaje labrado por el río Oza, denominado con el evocador nombre de «Valle del Silencio», donde se emplaza Peñalba de Santiago, pueblo que parece «perdido en el tiempo». No podemos obviar el marco geográfico de cara a una correcta interpretación patrimonial del enclave, un encajonado valle visualmente «claustral y cerrado» dominado por los Montes Aquilinos, con cumbres nada desdeñables, como la Silla de la Yegua (2.143 m), el Alto de las Berdianas (2.116 m), el Pico Tuerto (2.051 m) o El Tesón (1.810 m).

Este paisaje agreste y altivo, solitario y apartado, marcado por blancas calizas que dan nombre al lugar, que mereció la declaración en 1969 de «Paraje Pintoresco», ha acogido desde hace siglos a eremitas y comunidades que buscaban retiro y silencio en sus numerosas cuevas, hombres que alzaron también prodigiosos edificios en la Alta Edad Media. Se trata, por tanto, de un entorno donde Geografía, Historia y Arte se dan la mano, algo fascinante para un Intérprete del Patrimonio o cualquier amante de las miradas holísticas e integradoras.

Efectivamente, ya en tiempos visigodos, San Fructuoso levantó el Monasterio de San Pedro, lo que nos informa de la gran cantidad de eremitas que ya vivían en este valle en el siglo VII, un enclave monástico -hoy pueden visitarse sus ruinas- reconstruido en el 895 por otro santo de capital importancia en estos parajes: San Genadio. Obispo de Astorga, este eremita alzó aquí el monasterio de San Andrés y un oratorio en honor a Santo Tomé, ambos complejos ya desaparecidos. Junto a otros doce monjes también habitó y dignificó diversas cuevas naturales -una de ellas es visitable-, aunque su mayor fama obedece a la fundación del Monasterio de Santiago de Peñalba.

En pocos lugares como en el «Valle del Silencio» se puede intuir con tanta fuerza y emoción la comunión entre Geografía -valle del Oza entre los Montes Aquilinos-, Historia -vocación eremítica de un paisaje agreste y solitario- y Arte -construcciones mozárabes o de repoblación-.

Entre los años 909 y 920, San Genadio -que ocupaba entonces la cátedra de Astorga- funda un monasterio que llamará Santiago de Peñalba, originando en su entorno un pequeño pueblo que el moderno nomenclátor denomina Peñalba de Santiago. La iglesia que nos ocupa se levantó entre 930 y 940, una obra ya atribuida a Salomón, obispo también de Astorga y discípulo de San Genadio. El esplendor del monasterio fue notable, llegando a tener entre sus muros la famosa Cruz de Azófar, símbolo de El Bierzo conservado en el Museo de León. A finales del XII fallece el último abad, por lo que desde el siglo XIII la iglesia, antes monástica, se convertiría entonces en la parroquia del pueblo de Peñalba, que sí ha sobrevivido a los avatares del tiempo.

La iglesia de Santiago es el corazón de esta localidad; todas las calles conducen a ella, un edificio de pequeñas dimensiones con planta de cruz latina, con alta nave central constituida por dos tramos principales y dos ábsides contrapuestos; el brazo menor se dibuja mediante dos capillas laterales de menor altura que se adosan al cuerpo de la nave central.

El aspecto exterior es muy armónico en volúmenes y proporciones. Sus muros son de mampostería de pizarra y caliza, que se ayudan con contrafuertes que siguen el modelo asturiano. Los aleros se apoyan en modillones, muchos de ellos decorados con motivos visigodos y, algunos, con decoración celta. Si seguimos el perímetro de la iglesia, destacan diversos elementos de interés: (i) una ventana en forma de saeta que se remata con arco de herradura -cuenta con decoración similar a petroglifos neolíticos-, (ii) un sepulcro dedicado a San Fortis -discípulo de San Genadio-, obra del siglo XII, muestra de un rudimentario e inicial arte Románico en este valle, y (iii) una puerta de herradura que comunicaría con el atrio del monasterio, con una interesantísima jamba sepulcral en honor al abad San Esteban.

Pero lo que más llama la atención del exterior de la iglesia de Santiago Peñalba es su portada, universal símbolo del arte mozárabe o «de repoblación». Se trata de una puerta geminada que abre el lado sur del templo, obra probablemente de un mozárabe procedente del Sur que tenía conocimientos del arte califal. Así, dos arcos gemelos de herradura se apean sobre tres columnas y espléndidos cimacios y capiteles corintios de mármol blanco, enmarcándose todo el conjunto por un alfiz de triple moldura de origen cordobés.

¡Cuánta huella dejó la Córdoba Omeya en el territorio español! Portada de Santiago de Peñalba (León)

En cuanto al interior de la iglesia, atravesar la puerta geminada es volver a un mundo distante del nuestro en más de mil años. La nave central, orientada de este a oeste, se divide en cuatro tramos separados entre sí por tres arcos de herradura, de sabor cordobés y enmarcados en alfiz, apoyados en bellísimas columnas. De los cuatro tramos, dos corresponden al ábside y contra ábside, con planta de herradura el primero y el segundo de carácter semicircular -en el exterior son rectangulares los dos-. Los tramos centrales son elevados, especialmente el segundo, coronado este último por una cúpula gallonada de ocho cascos, quizás una forma de evocar palmeras de origen islámico, como atestiguan las pinturas presentes en este tramo. Por último, dos cámaras laterales, situadas a ambos lados del transepto, nos ponen de nuevo en contacto con el Arte Asturiano. Es decir, un arte parlante entre el Norte y el Sur.

El espacio sagrado se encuentra decorado por grabados y pinturas con diversos motivos geométricos, florales o figurativos, creando así un paraíso imaginado en el interior de esta «Belleza de España». No dejen pasar la oportunidad de visitar esta iglesia; no sólo el templo, sino, también el conjunto del pueblo y, sobre todo, el impresionante paisaje que lo cobija. Y recuerden: aquí se unen más que nunca Geografía, Historia y Arte.

NOTA. Este post está dedicado a Aurelio Conde Bayón, leonés de nacimiento y bético de adopción, con el que, acompañado de su querida familia, visité estos parajes solitarios allá en 2009; siempre agradecido por haber descubierto estas joyas del arte mozárabe leonés. Por extensión, también dedicado a todos los leoneses y leonesas. ¡Viva el Reino de León!!!!

Planta, interior y decoración de la iglesia de Santiago Peñalba. Imprescindible visitarla. Fotografía de Paisajes Reales.

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