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Propuesta de paseo fernandino por la Catedral de Sevilla

No es difícil imaginar la llegada de castellanos, cántabros y catalanes, gallegos y leoneses, la tropa toda que arrastraba Fernando III. Sevilla era la meta codiciada, la renombrada ciudad, cabecera de Reino, de la que ya tenían sobradas noticias: blanco y extenso caserío, erizado de minaretes, entre adarves, callejuelas, zocos y placitas, encerrado en baluarte de murallas con muchas puertas, bordeando el río Grande y al arroyo Tagarete; con vecindad de arrabales populosos y, todo ello, repleto de jardines y de un sin número de huertas.

Con esta imagen literaria describía el escritor y periodista Manuel Ferrand la entrada en vísperas de la Navidad de 1248 de la tropas del rey Fernando III en Isbiliya, capital de al-Andalus, cuya rendición tuvo lugar un mes antes, concretamente el 23 de noviembre de 1248, día de San Clemente. Rey de Castilla y de León, nacido en 1199 casualmente en una posada de la localidad zamorana de Peleas de Arriba, fue canonizado por el papa Clemente X en 1671, fecha desde la cual se le conoce también como Fernando III el Santo. Fallecido cuatro años más tarde de la Conquista de Sevilla, concretamente el 30 de mayo de 1252, su presencia se siente en todos los rincones de la ciudad hispalense, especialmente en el Alcázar y en la Catedral, esta última morada final de su incorrupto cuerpo.

Mi propuesta es que, cuando acabe la pesadilla de la COVID 19, puedas realizar por tu cuenta un pequeño itinerario fernandino por la Magna Hispalensis, siguiendo en este caso distintas obras de arte relacionadas con la figura de San Fernando. Debemos imaginar la entrada del monarca por el acceso principal a la gran mezquita almohade -hoy Puerta del Perdón-, convertida desde ese momento en nueva catedral cristiana, en una ceremonia presidida por la Virgen de los Reyes. Salvo el Patio de los Naranjos y buena parte del antiguo alminar islámico, poco se parece el templo actual al espacio sagrado conocido por el rey castellanoleonés. Aquella blanca mezquita de arcos de herradura apuntados y pilares de ladrillo, será transformada con la llegada de los castellanos: la orientación del rezo será distinta, se poblará de capillas funerarias y se decorará con pinturas de santos y otros motivos cristianos, aunque el alma de la antigua aljama no desaparecerá en mucho tiempo.

Aspecto que presentaba la Catedral de Sevilla en el periodo comprendido entre 1248 y 1433, fecha esta última del inicio de la construcción del templo gótico. Así pudieron verla Fernando III, Alfonso X el Sabio o Pedro I de Castilla (este templo islámico cristianizado será objeto de un post específico). Fuente: DVD La mezquita almohade de Sevilla y su conversión en catedral (guion y dirección de Antonio Almagro Gorbea; Fundación El legado andalusí).

La actual Catedral, culminada en 1506 con la conocida «Piedra Postrera», es un auténtico muestrario de todas las artes relacionadas con Fernando III. No planteamos en este post una enumeración exhaustiva de obras artísticas; destacaremos las piezas más relevantes, algunas de ellas enseres que acompañaron al Rey Santo en la entrada a Sevilla, otras veces devociones singulares, aunque en general trataremos vidrieras, esculturas y pinturas que representan al monarca.

Hay que decir antes de comenzar nuestro paseo, que la iconografía de Fernando III anterior a su canonización de 1671 es escasa, ya que casi todas las obras fernandinas datan desde esa fecha. El rey suele representarse generalmente solo, en ese caso con alguno de sus atributos: corona, cruz en pecho, espada, estatuilla de marfil de la Virgen, globo terráqueo rematado por una cruz, o llaves de la conquista y rendición de las ciudades islámicas del Valle del Guadalquivir (Córdoba, 1236; Jaén, 1246; Sevilla, 1248). También aparece a pie o a caballo ejerciendo de monarca castellanoleonés, generalmente en algunas de sus batallas. Por último, es frecuente encontrarlo también en su momento final, moribundo, pidiendo perdón por sus pecados.

El actual circuito turístico individual de la Catedral comienza en el acceso situado en la Puerta del Príncipe, que nos conduce a la «Antigua cilla» -o «Pabellón»-, hoy convertida en una pequeña SALA DE EXPOSICIÓN. Alberga una rica muestra de piezas del mejor Barroco hispalense, mostrándose algunas obras anónimas sobre Fernando III, aunque para nuestros propósitos brilla por sí mismo un emocionante cuadro del mejor Murillo, titulado San Fernando, realizado en el año 1671 con motivo de la canonización del monarca. Este cuadro merece una atención especial por la belleza del rostro, conmovedoramente humano, del rey -confieso que es mi pieza fernandina preferida de este recorrido-. El lienzo merece un post específico por la riqueza de su contenido; en esta entrada del Blog es suficiente con las palabras del sabio y maestro Enrique Valdivieso:

«En esta obra el santo rey está captado de medio cuerpo, destacando la emotividad que se refleja en su semblante, donde sus ojos se elevan hacia el cielo. Aparece barbado, llevando corona y revestido de coraza de acero sobre la cual figura una capa de armiño; con una de sus manos sostiene de forma solemne la espada que lo acredita como conquistador, y con la otra muestra la bola del mundo, como símbolo de su reino cristiano».

Bartolomé Esteban Murillo, San Fernando, 1671. Óleo sobre lienzo, 108 x 88 cm. Antigua cilla o Pabellón de la Catedral de Sevilla.

Una vez dentro de la inmensa catedral gótica, nuestros pasos deben dirigirse hacia el TRASCORO, donde podemos contemplar -en un fastuoso conjunto de jaspes y mármoles- la obra de Francisco Pacheco titulada San Fernando recibiendo las llaves de Sevilla, de 1634. Realizada con la técnica de óleo sobre cobre, en ella se observa la clásica iconografía reconquistadora derivada de la Crónica General: el séquito real a la izquierda, de pie, recibiendo de los vencidos las llaves de una ciudad, cuyo anacrónico paisaje urbano -se puede ver la Giralda con su aspecto adquirido en 1568 y la Puerta de Jerez en lenguaje clásico- se abre hacia el fondo del cuadro. En todo lo alto, iluminada e iluminando a todos, la Virgen de los Reyes.

Francisco Pacheco, San Fernando recibiendo las llaves de Sevilla, 1634. Óleo sobre cobre. Trascoro de la Catedral de Sevilla.

Nuestros pasos se dirigen ahora hacia la CAPILLA DEL BAUTISMO, ya que en su acceso se encuentra expuesto el Pendón Real -no confundir con el Pendón de Sevilla-, gran muestra del patrimonio textil de la Magna Hispalensis. Se conserva aproximadamente un tercio de aquel gran símbolo de la comitiva que se dirigió desde la Puerta Real hasta la antigua mezquita almohade. Fechado en el segundo cuarto del siglo XIII, fue realizado en talleres castellanos; según la tradición se alzó por primera vez como símbolo de victoria en la Torre de Abdelazis y luego colocado en el antiguo alminar, hoy Giralda, siendo depositado en la Capilla Real de la antigua mezquita-catedral tras la muerte del Rey. Junto a la vitrina que custodia este Pendón Real se encuentra uno de los accesos a la IGLESIA DEL SAGRARIO, en este caso presidido por una portada de 1682 en la que podemos ver las estatuas de los santos patronos de Sevilla: San Fernando, San Leandro, San Isidoro y las santas Justa y Rufina.

Pendón de San Fernando restaurado en el IAPH. Fotografía de M. Herce para ABC de Sevilla.

El itinerario cruza las imponentes naves góticas para poner un punto y seguido en la CAPILLA MAYOR, que, tal como todos sabemos, alberga el más grandioso retablo de la Cristiandad, una biblia dorada con más de 45 relieves sobre escenas del Antiguo y Nuevo Testamento. Encontramos ecos fernandinos en los relieves del banco inferior, donde se observa el paisaje urbano de la Sevilla medieval, todo ello en un retablo presidido por la Virgen de Santa María de la Sede, esta última dando nombre a nuestra Catedral y donada en la segunda mitad del siglo XIII por el hijo de Fernando III, también muy vinculado a Sevilla: Alfonso X el Sabio.

Cerca se encuentra la CAPILLA DE LA VIRGEN DE LA ANTIGUA, antiguo mihrab de la mezquita y hoy espacio que merece por sí mismo todo un post. Adornada con pinturas de Domingo Martínez datadas entre 1734 y 1738 -algunas de ellas con temas fernandinos-, se encuentra presidida por Santa María de la Antigua, pintura mural que, según las leyendas fernandinas, se encontraba oculta en la mezquita almohade -hoy sabemos que data de las primeras décadas del siglo XV-. Cuenta la tradición que a San Fernando se le apareció la Virgen María, que le dijo que tenía una protectora en la Virgen de la Antigua. El rey accedió en secreto al templo islámico guiado por un ángel y el muro se volvió transparente, por lo que pudo contemplar con emoción la sagrada imagen oculta a los musulmanes -poco después, Sevilla y su alfoz eran incorporados para la Corona de Castilla-. Por último, apuntar que esta capilla se encuentra iluminada por una vidriera realizada en estilo neogótico por la Casa Zettler de Munich, con diseños de 1908 de José Gestoso; representa a San Fernando en un trono con doselete gotizante.

La vidriera de San Fernando se encuentra a la derecha del cartel de la Ruta temática de César López dedicada a las vidrieras de la Catedral de Sevilla.

La SACRISTÍA MAYOR constituye otro de los espacios clave de nuestra ruta. Alberga piezas como la obra lignaria procesional de Pedro Roldán, realizada en 1671 por encargo del cabildo con motivo de la canonización del Santo Rey en esa fecha. No podemos olvidar tampoco la Virgen de las Batallas, bella imagen de marfil que acompañaba al Rey Santo en las distintas refriegas en las que se enfrentaba al Islam; la solía llevar sujeta al arzón de la silla del caballo, por lo que también es conocida como Virgen del Arzón; por las tardes, San Fernando la bajaba del caballo y la colocaba en su dormitorio de campaña para rezarle. En la vitrina se exponen también las llaves entregadas al monarca por Axafat, máximo dirigente de la Isbiliya musulmana en el momento de la rendición de la ciudad.

Pedro Roldán, San Fernando, 1671. Sacristía Mayor de la Catedral de Sevilla.

La SALA CAPITULAR, atrevida obra elíptica de Hernán Ruiz, también alberga una imagen de San Fernando, obra de Murillo de 1667 en formato circular, que acompaña a otros siete santos considerados «sevillanos»: San Hermenegildo, San Leandro, San Isidoro, San Laureano, Santa Justa, Santa Rufina y San Pío. Cerca se encuentra la antigua Contaduría, hoy sala de exposición del TESORO CATEDRALICIO, donde podemos ver una imagen de San Fernando en plata del siglo XIX donada por los Duques de Montpensier y las Coronas de la Virgen de los Reyes y del Niño Jesús -oro, perlas brillantes y piedras preciosas-. Fueron realizadas a principios del siglo XX para la coronación canónica de una imagen que, tal como veremos, se encuentra fuertemente vinculada a la figura real de San Fernando.

Corona de la Virgen de los Reyes, 1904.

Si nos dirigimos a la cabecera del templo, podemos ver en la CAPILLA DE SAN PEDRO una obra probablemente de Francisco Reina titulada San Fernando entregando la Virgen de la Merced a san Pedro Nolasco, que perteneció a la serie de la Merced Calzada de Sevilla -ubicada originalmente en el convento mercedario sevillano, hoy Museo de Bellas Artes-. No hay que olvidar que Nolasco estuvo presente en la ceremonia de entrada en la ciudad, protagonizada por las tropas cristianas aquel 22 de diciembre de 1248.

Pero esta cabecera está presidida por una gran reja coronada por una enorme obra de Jerónimo Roldán alusiva a la entrega de las llaves de la ciudad por parte de Axafat al rey Fernando III. Dicha reja delimita la CAPILLA REAL, punto final de nuestro itinerario -el circuito turístico no permite su contemplación desde el interior del templo; habrá que acceder desde el exterior con intenciones orantes-. En este espacio, iniciado ya en el Renacimiento por Martín de Gainza en 1541 y completado por Hernán Ruiz en 1569, se encuentran los sepulcros reales, destacando entre ellos la urna de plata que contiene los restos de San Fernando, donada por el rey Felipe V y elaborada por Juan Laureano de Pina en 1719.

El sepulcro, con un triple epitafio en latín, hebreo y árabe, alberga el cuerpo incorrupto del Rey Santo. También hay que citar entre las reliquias fernandinas la famosa espada de San Fernando, custodiada en la Catedral y conocida como Lobera, sacada en procesión en la conmemoración de la Toma de la ciudad. Por último, todo este conjunto funerario se ubica a los pies de la Virgen de los Reyes. Datada del siglo XIII, forma parte de las llamadas «imágenes fernandinas» y, según la tradición, se le apareció al Rey antes de ganar la batalla con la que acabaría conquistando Sevilla en 1248. Pero la patrona de la Archidiócesis de Sevilla tiene tanto interés como obra de arte y patrimonio devocional, que bien merece su post correspondiente.

Fastuosidad renacentista de la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, donde se custodia el cuerpo incorrupto del Rey Fernando III el Santo bajo la imagen de la Virgen de los Reyes.

Con la visita a la Capilla Real ponemos fin a este itinerario. Por supuesto que el orden puede ser alterado; o sumarse otras obras de arte de carácter fernandino presentes en la Catedral. Lo que hemos intentado en este post es, al margen de conmemorar el 30 de mayo o Día de San Fernando, realizar una pequeña propuesta de ocio cultural para disfrutar del patrimonio de Sevilla cuando acabe esta distopía del COVID 19.

NOTA: San Fernando es patrón de Sevilla, Aranjuez, San Fernando de Henares, Villanueva del Río y Minas, San Fernando de Apure (Venezuela) y Pivijay (Colombia).

La historia de la Conquista de la Sevilla almohade fue mucho más que una lucha entre musulmanes y cristianos, tal como la Historia oficial nos hace creer. Las tropas castellanas contaron con el apoyo económico de los sefardíes y con refuerzos militares de los nazaríes de Granada. Prueba de ello es que en el sepulcro del Rey Santo contamos con un epitafio en hebreo y en árabe que vemos en la imagen superior. Pero esto es otra historia. Y otro post.

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