Los bosques de niebla del Estrecho de Gibraltar

Sopla Levante en las playas atlánticas de la provincia de Cádiz. Es verano y domina el Anticiclón de las Azores. En la ciudad de Tarifa no sopla el viento, ruge. Hay día de levantera y el paso marítimo se encuentra con las aguas agitadas, frente a la calma del gran océano Atlántico. África ha desaparecido del horizonte. En Algeciras, sólo una húmeda y fresca brisa; en Málaga, día de paraíso; en Sevilla, jornada de infierno. Circula, sin oposición y mañanero, el «solano de las marismas». Y hacia las sierras del Estrecho se divisan nubes, popularmente conocidas como barbas del Levante, este último un término certero, perfecto; sabiduría y metáforas del pueblo.

Efectivamente, de las cumbres serranas cercanas al continente africano «cuelgan» jirones de nubes y nieblas perfectamente visibles desde Tarifa y el Estrecho. Cuanta más nubosidad, más fuerza lleva el viento. El espectáculo -utilizo esta palabra con intención- es absoluto; de hecho, no pasó desapercibido para el pintor francés Eugène Delacroix en 1832, cuando su barco se encontraba parado haciendo cuarentena cerca de Tánger.

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Las «Barbas del Levante» o nubosidad de estancamiento en las sierras del Estrecho cuando sopla el viento del Este fueron retratadas por Eugène Delacroix en 1832.

¿A qué obedece la presencia de esas nubes en sierras de 500 a 800 metros? Se debe al denominado efecto foehn, que no es más que el proceso por el cual un viento suave, fresco y húmedo, que asciende por una ladera, pierde su humedad a barlovento -se generan nieblas o nubes en las cumbres- y, por el contrario, a sotavento aumenta su velocidad, se disparan las temperaturas y se genera un ambiente seco. Es el Terral de Málaga; el Sur de Santander; el Solano del Valle del Guadalquivir; son los Ponents de Valencia. Y es el Levante en la costa atlántica gaditana.

¿Qué ocurre en el Estrecho? Por un lado, el viento del Este por el efecto Venturi se acelera en el angosto paso marítimo. Pero, por otro lado, el citado efecto foehn provoca que dicho viento, una brisa húmeda en la Bahía de Algeciras, torne veloz, desecante, racheado, turbulento y cálido en la costa occidental. En las cumbres de las sierras del Estrecho se suceden entonces nieblas permanentes, las cuales aportan humedad -especialmente en verano- para dar lugar así a un ecosistema único: los bosques de niebla.

Esta asimetría este-oeste del viento tiene sus límites en la orografía impuesta en el Estrecho por las sierras del Cabrito y el Bujeo, cuyas cumbres suelen estar pobladas de estas nieblas cuando en Algeciras sopla un suave viento del Este y en Tarifa o Bolonia se ha desatado un temporal de Levante. Es decir, la humedad que contiene la masa de aire procedente del Mediterráneo se condensa al tener que remontar las serranías y origina las características nieblas y nubes que persisten sobre las cumbres esos días. Pueden verlo esquemáticamente en la imagen inferior -quédense sólo con el perfil de las sierras en línea gruesa negra y las flechas discontinuas azul y roja-.

Esquema básico del efecto foehn y el Levante en las sierras gaditanas. Fuente: elaboración propia.

La consecuencia de esta humedad permanente en las cumbres de las sierras del Estrecho es la formación de los citados bosques de niebla. Estos niveles altos de humedad, máxime cuando el Levante suele soplar frecuentemente en primavera y verano -justo cuando las lluvias son escasas-, permiten que se combinen especies propias de la laurisilva con las de tipo mediterráneo subhúmedo. En estos bosques de nubes del Estrecho destaca la presencia de especies como el quejigo andaluz (Quercus canariensis), el roble negro o melojo (Quercus pyrenaica) y el ojaranzo (Rhododendron ponticum). También pueden observarse numerosos helechos característicos de estos ambientes húmedos y cálidos, lianas, tapices de musgos y hepáticas, rocas con líquenes milenarios y diversas especies epífitas y umbrófilas. Todo el conjunto conforma uno de los paisajes más sobresalientes y singulares de Andalucía.

En los Llanos del Juncal, cerca de la ciudad de Tarifa y junto a la Sierra de la Luna, pueden observarse bosques de quejigos poblados de espeso sotobosque de ojaranzo, torvisco macho, escobón negro, laurel, zarzaparrilla, brusco y zarza; un paisaje que podría recordar al de la cuenca mediterránea en la Era Terciaria, cuando dominaban climas cálidos y húmedos. En invierno, los árboles sin hojas y rodeados de niebla parecen formar un bosque fantasmagórico; los troncos de los quejigos y otros quercus están cubiertos de musgos y líquenes, creciendo en su base o nudos distintos tipos de helechos, que se alternan muchas veces con trepadoras como la hiedra o madreselva. En verano, este bosque constituye un oasis de verdor en este paisaje del extremo sur de Europa; ejemplares de acebo, laurel o zarzas constituyen la corte vegetal que acompaña a este bosque mágico situado en uno de los parajes más recónditos y desconocidos. ¿Cómo llegar a estos bosques? Hay senderos secretos… Serán objeto de otro post. Y, por qué no, también de una posible ruta de senderismo.

NOTA: este post está dedicado a María Fernanda Pita López, profesora de la Universidad de Sevilla y directora de mi Tesis Doctoral. Pura excelencia. Sin ella, el Levante hoy no hubiera sido posible.

Un Quercus invadido por musgo y helechos en las cumbres de las sierras del Estrecho. Estamos a pocos kilómetros de África.

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