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Los besos de Roy Lichtenstein o el cómic elevado a alta cultura en el Pop Art

Tras el confinamiento por el Coronavirus, y cuando se atisban tiempos asépticos llenos de mascarillas y mamparas de separación contrarias a la condición táctil del ser humano, es bueno mirar los besos presentes en el arte. Podríamos hablar de August Rodin, Pablo Picasso, Gustav Klimt, Costantin Brancusi o René Magritte, por citar algunos ejemplos, aunque en esta entrada del Blog nos detendremos en Roy Lichtenstein (Nueva York, 1923-1997), uno de los grandes representantes -junto con Andy Warhol- del movimiento artístico conocido como Pop Art.

Para conocer las claves de dicho movimiento es importante entender el contexto histórico de su nacimiento. A principios de la década de los 60 del siglo XX, existía en Estados Unidos una auténtica inflación de pintores ligados al Expresionismo Abstracto. Este estilo, surgido en los años 40 de la evolución de las Vanguardias de principio de siglo y, también, como acto de rebeldía ante el academicismo, planteaba en su momento propuestas novedosas como la huida de la figuración, con obras de carácter abstracto donde el arte se liberaba definitivamente de su misión tradicional, que no había sido otra que la de representar la realidad visible -se trata de la completa autonomía de la pintura respecto al mundo exterior-. Además, se buscaba la expresión más interior del artista, bien a través del «gesto» más espontáneo a la hora de pintar, bien a partir de la reflexión y la meditación más emocional en torno al espíritu humano. Así, este movimiento agrupaba a aquellos artistas que buscaban caminos personales inexplorados en torno al signo gráfico o el color -agresivos trazos o serenas manchas-. Baste citar nombres como Jackson Pollock o Mark Rothko para ilustrar lo que decimos.

Pero lo que fue en un principio un movimiento rebelde y singular, se fue convirtiendo con el tiempo en repetitivo y académico, surgiendo así en los 60 un arte de respuesta como el Pop Art, que ironizaba sobre el Expresionismo Abstracto al optar en este caso por la estética figurativa y, a diferencia del divismo anterior, adoptar el lenguaje popular propio de la nueva sociedad de consumo que estaba emergiendo en Estados Unidos. El resultado fue un arte norteamericano con gran impacto social, de carácter netamente urbano, con un figurativismo que se traducía en una forma de comunicación reconocible por las clases medias americanas, un lenguaje accesible para la sociedad de masas, lejos de los difíciles y «manieristas» mensajes del Expresionismo Abstracto. En definitiva, una forma de comunicación efectiva e, incluso, cercana a la publicidad.

Un ejemplo es la obra de Roy Lichtenstein, artista de carácter tímido que se inspiró no sólo en las formas impulsadas por movimientos de culto como el Art Decó, el Cubismo o el Expresionismo Abstracto -en los que había militado al principio de su carrera-, sino, sobre todo, en lenguajes populares como, por ejemplo, el cómic. Este último constituye la forma de expresión más característica de Lichtenstein, entendido como un género menor durante buena parte del siglo XX y elevado a rango de alta cultura por este artista americano que lo introdujo en los más exquisitos museos y en las más exclusivas galerías de arte. Como ejemplo de esto que decimos, vemos en la imagen inferior The Kiss II -obra perteneciente a la Serie Kiss-, realizada en 1962 y subastada en 1990 por seis millones de dólares, algo que supuso entonces un récord para la venta de una pintura del Pop Art. Fue comprada por un coleccionista privado japonés.

Roy Lichtenstein, Kiss II, 1962.

La obra más famosa de la citada serie es la que lleva por título Kiss V, donde puede observarse claramente el uso que hace el artista del cómic para dotarlo de nuevos significados. Así, Lichtenstein utiliza como recurso las características líneas de este tipo de lenguaje, los colores primarios industriales típicos de las revistas y los puntos Benday tan característicos de estos dibujos, simulando así la impresión de alta velocidad. En este caso, la obra se basa en la revista para jóvenes adolescentes titulada Girls’ Romances, aunque la obra resultante sea una composición muy elaborada en acrílico sobre lienzo, donde cada punto es minuciosamente tratado por el artista. Cabe destacar también que, a diferencia de cuando leemos una historia en un cómic, en esta obra pictórica no conocemos el contexto del beso, no sabemos detalles de la trama, si los personajes son amigos o amantes, si las lágrimas son de emoción o provocadas por el desamor, quedando entonces la interpretación final en manos del espectador.

El Pop Art trataba, en definitiva, de llevar a las más altas instituciones la cultura popular de masas, ya fueran anuncios, productos de supermercado, posters realizados en serie o, como en este caso, dibujos sacados de tebeos para jóvenes. Iconos de la sociedad de consumo que eran “manipulados por el artista” para convertirlos en nuevos ideales de belleza para una sociedad cada vez más consumista, adolescente y ¿enamorada?

Roy Lichtenstein, Kiss V, 1964.

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