Herrera el Mozo, «El sueño de san José», hacia 1662

Les presento a uno de los pintores más revolucionarios del Barroco español. Su nombre, Francisco de Herrera «el Mozo» (Sevilla, 1627-1685), llamado así para diferenciarlo de su progenitor, conocido como Herrera «el Viejo», este último un pintor clave del Naturalismo sevillano dominante en la primera mitad del siglo XVII. Nuestro artista se formó en el taller de su padre, un hombre rígido, duro y difícil con el que tuvo problemas, por lo que saldrá pronto del ámbito paterno para viajar y aprender las novedades artísticas en Italia.

No fue en balde este viaje de formación al país transalpino. A su vuelta, Herrera el Mozo revolucionó la pintura española al introducir complejas y movidas composiciones, y, sobre todo, aportar con una pincelada suelta la luz vaporosa y colorista de la tradición veneciana que tanto influirá, por ejemplo, en Murillo. Obras como la del retablo mayor de los carmelitas de san Hermenegildo -pintada en Madrid en 1653- o encargos que realizará en Sevilla, como el Triunfo del Sacramento de la Hermandad Sacramental del Sagrario de la Catedral -1656- o la Apoteosis de san Francisco en la capilla del santo en la misma Catedral -1657-, son buena muestra de esta revolución pictórica. Con Herrera el Mozo el naturalismo tenebrista será superado para que las diagonales barrocas y la luz más sutil triunfen definitivamente a mediados de siglo.

Una gran muestra de esto que decimos es el cuadro «El sueño de san José«, pintado hacia 1662 y tema relativamente frecuente en la España de los siglos XVI y XVII. Generalmente este pasaje, procedente del Evangelio de san Mateo (1, 18-22), era representado en el interior de una preceptiva carpintería. Sin embargo, Herrera el Mozo sitúa la escena en un exterior para así demostrar los novedosos recursos estéticos, con un san José durmiente -vean la diagonal compositiva definida por su cuerpo- que será sorprendido por un ángel que señala la paloma del Espíritu Santo, envuelta esta última en un vaporoso rompimiento de gloria. Bajo ella, los ángeles llevan un espejo y flores que aluden a la virginidad de María; y un capacho con una azuela, un berbiquí y otros instrumentos propios de un carpintero situados abajo a la derecha nos habla del oficio del santo.

Con una personalidad humana especial, vani­doso y altivo, ingenioso e impertinente, «satírico y diabólico» según el pintor y tratadista Palomino -los grandes, como Montañés, suelen ser de carácter difícil-, este artista es uno de los maestros fundamentales del pleno Barroco. Tal como apunta la Web del Prado, Herrera el Mozo es «audaz en las movidas composiciones dinámicas y coloristas, con pincel fluido y ligero, que a veces se espesa en grumos y otras tiene suavidad de acuarela». Es 19 de marzo. Feliz día de san José.

Herrera el Mozo, «El sueño de san José», hacia 1662. Óleo sobre lienzo, 196,5 x 209,5 cm. Museo del Prado

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