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El provocador sueño del Fauno Barberini en la Gliptoteca de Múnich

Sueños sensuales agitan al durmiente e iluminan su rostro vigoroso, enmarcado por la fluyente cabellera y por la corona de yedra con sus corimbos… Un estremecimiento dionisiaco ha quedado fijado en la imagen del estático soñador

W. FUCHS

Sexuales y lujuriosos. Desafiantes y procaces. Descarados y atrevidos. Borrachos y dionisíacos. Incontrolados e incontrolables. Salvajes y desvergonzados. Libres e instintivos. Rústicos y hábiles músicos. Cabrones y acosadores. Mitad hombres, mitad machos cabríos. Viven en bosques, campos y montañas, en la naturaleza más prístina. Representan la lascivia, el incontrolable mundo del sexo y la irracionalidad más desbordante, cargando también con el vicio de la embriaguez. Así son los sátiros griegos y los faunos romanos.

Se trata de daimones de la naturaleza que suelen acompañar al dios Pan o forman parte del tíaso de Dioniso, siguiéndolo, bebiendo y danzando. Acosan lujuriosamente a Ninfas y ménades, escena profusamente representada en la Historia del Arte. Otra de las representaciones típicas es la de estos sátiros o faunos ebrios y profundamente dormidos tras los excesos sexuales y alcohólicos cometidos. Es el caso de la obra que comentamos hoy en el Blog: el Sátiro dormido, que hoy puede verse en la Gliptoteca de Múnich.

ORIGINAL EN BRONCE GRIEGO Y COPIA EN MÁRMOL ROMANA

También llamado Sátiro embriagado o Fauno Barberini, el original de esta fascinante escultura -realizado probablemente en el siglo III a.C.- pertenece a los modelos helenísticos y, más concretamente, a la Escuela de Rodas. Los escultores rodios destacaron como virtuosos maestros creando obras dotadas de cierto colosalismo -la escultura, originalmente en bronce, medía 2,15 metros de altura-, realizadas con un realismo de gran expresividad y tensión dinámica.

La escultura en mármol que vemos hoy es una copia romana del siglo I a.C., quizás realizada como ofrenda en algún templo dedicado a Dioniso, el dios del vino. Muestra a un joven sátiro desnudo en un profundo sueño, fruto de la embriaguez y otros excesos lujuriosos, en una postura sexualmente explícita, pero sin la costumbre habitual del priapismo, es decir, sin el pene erecto. Cabe destacar los rizos del fauno y la musculatura, además de la presencia de una pequeña cola y de los cuernos, que revelan la naturaleza del ser representado, acreditada también por la piel de cabra en la que se apoya la figura.

El rastro del sátiro se perderá en el hoy llamado Castillo de Sant’Angelo. Su cuerpo fue arrojado al foso de dicho coloso arquitectónico, enterrándose por varios siglos tras la defensa de Roma. Según el cronista antiguo Procopio de Cesárea, durante la guerra contra los godos, los romanos para defenderse arrojaron estatuas desde lo alto del castillo a los asaltantes, y una de esas estatuas arrojadas fue el Fauno Barberini.

EL DESCUBRIMIENTO Y LA PROVOCACIÓN FINAL DE BERNINI

El cuerpo del Fauno, mutilado sin brazo izquierdo y carente de las presumibles piernas cabrías, fue descubierto a finales del siglo XVII en una excavación realizada en el Castillo de Sant’Angelo por impulso del papa Urbano VIII, perteneciente a la dinastía de los Barberini y cuyo pontificado sucede entre 1623 y 1643 -la escultura aparece mencionada por primera vez en posesión del cardenal Francesco Barberini, sobrino del citado Papa, en 1628-. Fue entonces cuando la obra de mármol se restaura libremente por uno de los artistas cumbre del arte italiano: Gian Lorenzo Bernini (1598-1680).

Efectivamente, el escultor barroco dio vida a dos nuevas piernas, en este caso humanas, potenciando la lascivia del sátiro al abrir el ángulo de las mismas y dejar el sexo mucho más explícito de cara al espectador. Bernini conserva el ideal estético griego de un hombre joven y atlético, pero otorga un lujurioso movimiento barroco a este sátiro que duerme placenteramente tras los excesos cometidos. El joven de cabello abundante, rostro ancho y boca carnosa entreabierta, con cuerpo perfecto, se muestra borracho, saciado y durmiente, manifestando que su mundo es el placer sensual, el instinto, el mundo de la vida sin más. Una genialidad.   

NOTA 1. Ciertos hechos recogidos por la tradición son cuestionados por algunos autores, como el que la figura original fuera realizada en bronce o, incluso, la participación de Bernini en el proceso de restauración.

NOTA 2. En próximos posts nos acercaremos a figuras de sátiros y faunos célebres como Sileno, Ampelo, Croto, Marsias… Y, también, a dioses relacionados con los faunos como Pan o Príapo.

«Sátiro dormido» o «Fauno Barberini», escultura romana del siglo I.a.C., copia de un original en bronce griego del siglo III a.C., restaurada según la tradición por Bernini en el siglo XVII. Gliptoteca de Múnich.

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