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El mito de Ariadna en Roma, Madrid y Sevilla

Uno de los mitos clásicos más bellos es el de Ariadna, hija del rey Minos de Creta, isla donde se encontraba el temido Minotauro, escondido en el famoso laberinto diseñado por Dédalo y alimentado por jóvenes procedentes de Grecia como pago de un tributo. Ante tal situación, Teseo, hijo de Egeo -rey de Atenas-, se ofrece para viajar a Creta y matar así al Minotauro, encontrando en el amor de Ariadna un gran aliado. La princesa cretense, enamorada, ayuda al príncipe griego con un hilo para que no se pierda en el laberinto, acabando así con la vida del monstruo. Pero el pago por tan enorme favor no fue compensado, ya que Ariadna, que escapa de la ira de su padre y marcha de Creta con su amado Teseo, es abandonada por éste en la isla griega de Naxos, tristeza absoluta que será redimida más tarde cuando el dios del vino Dioniso -el Baco romano- rescate a Ariadna y se case con ella.

Este mito sobre el amor abandonado y el amor triunfante ha sido usualmente representado en la historia del arte. Destacamos en el Blog la presencia de Ariadna en el jardín de la Villa Medici de Roma, en el madrileño Museo del Prado y en el Museo Arqueológico de Sevilla.

Los jardines italianos son una combinación de arquitectura, vegetación, escultura y geometrías ordenadas para el placer de los sentidos y el intelecto. Uno de los jardines más famosos es el de la Villa Medici de Roma, que poseía una logia presidida por una escultura romana -copia de otra de origen griego- que representaba la figura yacente de Ariadna, en este caso dormida para olvidar su dolor tras el abandono de Teseo. Una pintura de Velázquez -hoy en el Museo del Prado- representa la logia y dicha Ariadna dormida, escultura del siglo II d.C. que en 1787 se trasladó desde la Villa Medici de Roma al Palazzo Pitti de Florencia y que hoy puede verse en el Museo Arqueológico de la ciudad toscana (para más información sobre la citada obra velazqueña ver Web del Prado).

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, Vista del jardín de la Villa Medici de Roma con la estatua de Ariadna, hacia 1630. Óleo sobre lienzo, 44 x 38 cm, Museo del Prado.

La escultura griega de Ariadna tuvo dos réplicas romanas más: una se encuentra actualmente en el Vaticano y otra formó parte de la Colección de Cristina de Suecia, esta última enviada a España en 1724 y hoy día formando parte de la colección del Museo del Prado (para profundizar sobre esta obra de mármol blanco del siglo II d.C. ver Web del Prado).

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Taller romano, Ariadna dormida, 150-175 d.C. Mármol blanco, 99 x 238 cm, Museo del Prado.

Pero frente al dolor del amor, encontramos a una Ariadna triunfante en el Museo Arqueológico de Sevilla, concretamente en un impresionante mosaico procedente de Écija donde se representa el Triunfo de Baco -Dioniso griego- al regreso de su conquista de la India, en un carro tirado por tigres donde Ariadna, rescatada como dijimos de su abandono por el citado dios del vino, apoya su mano izquierda en el hombro de éste. Ambos personajes míticos se coronan con pámpanos y muchos expertos interpretan que la escena retrata realmente la boda entre el dios olímpico y la princesa cretense, ya que el sátiro que conduce la comitiva presenta unas alas que evoca a Eros (más información en la Web Museos de Andalucía).

Mosaico del Triunfo de Baco, siglo III d.C. Teselas, Opus tesellatum, 447 x 702 cm, Museo Arqueológico de Sevilla. Procedencia: antigua Astigi (Écija)

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