fbpx

Descubre dos obras maestras de Alberto Durero: observaciones sobre fauna y flora

Figura clave en el intercambio entre los modelos pictóricos nórdicos e italiano, Alberto Durero (1471-1528) es el mayor representante de la pintura de espíritu germano. Alemán de nacimiento y formación, viajó frecuentemente a Italia y Flandes, constituyendo su obra una alternativa fundada a estas dos grandes escuelas del Renacimiento. Al margen de la influencia italiana y flamenca, Durero recibe la savia de la renovación de la pintura alemana que se había producido en el último tercio del siglo XV al calor de la imprenta y el grabado.

En su itinerario y periplo artístico, que desvelaremos en varios posts a partir de sus obras más conocidas y representativas, este pintor -un grande de toda la Historia del Arte- tuvo en la observación de la naturaleza una de sus principales fuentes de inspiración. Durante su carrera, Durero realizó continuos apuntes al natural en dibujo y acuarela, consiguiendo con esta última técnica alcanzar altas cotas de verosimilitud. Retrató el mundo que le rodeaba y observaba con interés los objetos, la vegetación, el mundo animal, familiares y amigos, paisajes, su propio cuerpo… Muchas veces eran apuntes o bocetos preparatorios para otra obra, pero en otras ocasiones constituyeron cuadros en sí mismos.

La primera de las obras que queremos comentar en esta dirección se titula Liebre joven -algunos autores la denominan sólo como «Liebre», en alemán conocida como Feldhase-, pintada a acuarela y gouache sobre papel, firmada y fechada en 1502, y conservada actualmente en el Museo Albertina de Viena. Realizada en su taller, está considerada una obra maestra ejecutada desde una mirada absolutamente fotográfica y científica, capaz de transmitir las sensaciones más reales derivadas de la observación del animal.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es liebre-durero.jpg

Alberto Durero, Liebre joven, 1502. Acuarela y gouache sobre papel, 25,1 x 22,6 cm. Viena, Museo Albertina

Observen cómo Durero muestra su maestría en el tratamiento del pelaje de la liebre, que se extiende en diferentes direcciones, con áreas oscuras y zonas brillantes distribuidas aleatoriamente por todo su cuerpo. Los detalles evidencian su mirada observacional de lo real, tal como puede verse en el tratamiento de bigotes y uñas.

Sublime resulta el tratamiento del contorno, inundado en este caso de una cálida luz dorada que la liebre recibe desde la izquierda, ilumina intensamente el contorno las orejas, baña de manera magistral el pelo y proyecta una sutil sombra a la derecha. Pero es que, además, esta luz se refleja en un ojo de tal forma que ¡se observa una ventana en la córnea! Sencillamente asombroso.

Por último, cabe destacar que, pese a que Durero solía acudir a sus estudios en acuarela y gouache como fuente de documentación para sus pinturas, en este caso la fecha destacada junto al monograma con el que solía firmar nos informa que Durero consideró Liebre joven como una obra en sí misma y no un mero boceto.

Detalle del reflejo de la ventana en el ojo de la liebre más famosa del arte occidental y «mascota no oficial» de la ciudad de Viena.

La segunda obra de Durero que queremos destacar en el blog, en este caso relativa al mundo vegetal, se titula Gran mata de hierba -en alemán, Das große Rasenstück-, también pintada en acuarela y gouache. Fue creada en el taller de Durero de Núremberg en 1503, conservándose como en el caso anterior en el Museo Albertina de Viena.

La obra, realizada desde una mirada realista y botánica, es un estudio de un grupo de plantas silvestres, con especies de distinto tamaño perfectamente reconocibles como Dactylis, Agrostis, Poa pratensis, Bellis perennis, Taraxacum, Veronica chamaedrys, Plantago major, Cynoglossum y Achillea millefolium.​ El realismo y estudio botánico es de tal calibre que algunas raíces se muestran al espectador, estas últimas unos elementos vegetales mostrados también en diversas obras de Durero.

En cuanto a la composición, el azar con el que se distribuyen las plantas aumenta la sensación de realismo y naturalidad de la obra -el aparente desorden queda contrarrestado con un fondo blanco que da unidad y cohesión al grupo vegetal-, acrecentado todo ello por un detalle: mientras que por nuestra derecha el conjunto se presenta visualmente cerrado, a nuestra izquierda la vegetación se amplía más allá del cuadro. Pura genialidad.

Al contrario que Liebre joven, considerada por Durero como una obra en sí misma, Gran mata de hierba fue una herramienta preparatoria o estudio de la naturaleza para posteriormente emplear estas plantas en otros cuadros como Adán y Eva, de 1504.

Les dejo con dos enlaces interesantes:

WEB OFICIAL Museo Albertina de Viena (opción en español)

Alberto Durero en el Museo del Prado

Alberto Durero, Gran mata de hierba, 1503. Acuarela y gouache sobre papel, 40,3 x 31,1 cm. Viena, Museo Albertina

Ir arriba
WhatsApp chat

¿Todavía no estás en mi grupo de WhatsApp? Apúntate GRATIS y recibe información cultural de noticias y actividades.