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«Castillos de España y sus fantasmas», de Fernando Díaz-Plaja. Círculo de Lectores, 1978

He comentado alguna vez en este blog que nunca olvidaré el día que un libro de Fernando Díaz-Plaja cayó en mis manos cuando tenía poco más de 10 años. Fue editado por el desaparecido Círculo de Lectores en 1978, era propiedad de mi hermana -insisto en que no se lo digan; hoy está en mi poder- y llevaba por título Castillos de España y sus fantasmas. Ya descatalogado, traigo esta obra al blog por ser la fuente de inspiración de esta sección que ha tomado su título de este libro de culto para el que escribe.

Con una narración amena, de carácter histórico y novelado, Díaz-Plaja hace un retrato de las principales fortalezas de España, con una relación extensísima que cubría toda nuestra geografía. Concretamente los castillos, recintos amurallados o conjuntos históricos tratados son los siguientes: Pazo de Meirás (prov. de La Coruña), Fuenterrabía (Guipúzcoa), Muñatones (Vizcaya), Loarre (Huesca), Monzón (Huesca), Montjuich (Barcelona), Figueras (Gerona), Bellver (Mallorca), La Mota (Valladolid), Simancas (Valladolid), Peñafiel (Valladoilid), Tordesillas (Valladolid), Torrelobatón (Valladolid), Numancia (Soria), Alcázar de Segovia, Pedraza (Segovia), Villaviciosa de Odón (Madrid), Alcázar de Toledo, Consuegra (Toledo), Belmonte (Cuenca), Peñíscola (Castellón), Morella (Castellón), Sagunto (Valencia), Játiva (Valencia), Ciudad de Valencia, Guadalest (Alicante), Santa Bárbara (Alicante), Almansa (Albacete), Chinchilla (Albacete), Ciudad de Córdoba, Alcázar de Sevilla, Alhambra de Granada, Alcazaba de Almería y la Ciudad de Cádiz.

De esta gran obra me asombró desde niño la comunión entre texto y fotografía -hoy tan olvidada, dado el abuso de imágenes y colorines sin interpretación que sufrimos-, letras que son pura poesía del paisaje y que áun recuerdo perfectamente. Como ejemplo de esto que digo, reproduzco textualmente las palabras del autor en el inicio del capítulo dedicado al Alcázar de Segovia. Evoquen este texto junto a la imagen del libro. Magistral.

Algunos castillos han recordado un navío. Basta que su mole se levante sobre lomas más o menos onduladas para que la comparación surja inmediata en el viajero. El de Peñafiel, robusto, exento, parece un galeón anclado en el mar pardo de los trigales.

El Alcázar de Segovia recuerda también un barco, pero de otra forma; un bergantín orzando al viento. La proa parece hendir los campos, las torres semejan velas desplegadas. La primera impresión del Alcázar no es de solidez; es de elegancia. En realidad es un castillo que más que a pólvora suena a «ballet». El Alcázar de Segovia, de todos los castillos españoles, es el que más recuerda los de Francia, donde hace muchos años que sus torres, más que para rechazar corajes, sirvieron para albergar refinamiento y cortesía.

Nunca olvidaré esta imagen del Alcázar de Segovia al leer en mi infancia el texto de Fernando Díaz-Plaja en el libro Castillos de España y sus fantasmas. ¿Cómo no soñar con castillos? Irresistible
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