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Bartolomé Esteban Murillo, «San Francisco abrazando a Cristo en la Cruz», 1665-1668. Museo de Bellas Artes de Sevilla

Hoy 4 de octubre es el día de San Francisco de Asís, santo omnipresente en el arte occidental y fundador de una de las órdenes religiosas de mayor tradición histórica. Uno de los pintores que inmortalizaron el amor franciscano fué Bartolomé Esteban Murillo, que entre 1665 y 1668 realiza su famoso «San Francisco abrazando a Cristo en la Cruz» para el convento de los Capuchinos de Sevilla, obra conservada hoy día en el Museo de Bellas Artes de Sevilla gracias entre otras cosas a la custodia que realizaron los frailes capuchinos del conjunto de obras de Murillo presentes en su iglesia en el contexto de la invasión napoleónica, cuando las tropas francesas expoliaron buena parte de la pintura religiosa sevillana entre los años 1810 y 1812.

El tema central del cuadro es el amor de San Francisco a Cristo, representado en un abrazo correspondido y el abandono por parte del santo de los bienes terrenales, hecho simbolizado por la presencia del globo terráqueo situado en la esquina inferior izquierda. Formalmente podemos destacar los siguientes aspectos de esta obra:

  • Una diagonal ascendente estructura la composición desde la parte inferior izquierda (globo terráqueo) a la superior derecha (clavo en la cruz), eje potenciado en este caso por el abrazo amoroso entre el santo y Cristo.
  • Dos planos definen el conjunto: el primero de ellos está marcado por las dos figuras y el segundo por un fondo con paisaje abocetado conformado por la ciudad y, sobre todo, por los impresionantes celajes sombríos que enmarcan la escena trascendente.
  • El precioso escorzo y tratamiento pictórico del hábito de San Francisco merecen ser destacados, señal inequívoca de la influencia que Zurbarán tenía en la Escuela Sevillana de Pintura.
  • El estudio anatómico del cuerpo humano es patente en la figura de Cristo.
  • El color y el tratamiento de la luz corresponden a la etapa de madurez de Murillo, que en esta obra resalta la luminosidad de las figuras frente al trascendente cielo del paisaje de fondo.
  • La presencia de niños en la obra de Murillo es inevitable. Así, los ángeles en movimiento representan el pasaje evangélico (Lucas, 14:33) que alude a la renuncia de los bienes materiales.

Por último, destacar que esta obra llega a entenderse formalmente en su plenitud si la miramos a una distancia prudente para escrutar así el contraste entre el abrazo recíproco del santo a Cristo y el paisaje de fondo, llegandonos a emocionar incluso si contemplamos el amor franciscano en absoluta soledad y silencio. Tal como apunta el profesor y experto Enrique Valdivieso, Murillo aquí supera las actitudes hieráticas y distantes que habían dominado la pintura sevillana de la primera mitad del siglo XVII para acercar al espectador a un amor mucho más cercano y familiar, una identificación plena entre lo divino y la emoción más humana.

Vayan al Museo de Bellas Artes de Sevilla. El acceso es gratis. Os dejo con esta obra, para mí una de las más bellas y hondas de Murillo.

Bartolomé Esteban Murillo, San Francisco abrazando a Cristo en la Cruz, 1665-1668. Museo de Bellas Artes de Sevilla

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